¿Somos o no somos OECD?

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Por Sara Larraín

A fines de julio, la OECD presentó la segunda Evaluación de Desempeño Ambiental de Chile, desde que nuestro país ingreso a dicha organización.  El informe destaca retrasos vinculados a que Chile tiene “una de las economías más intensivas en el uso de recursos” naturales, contaminación atmosférica y emisiones de gases de efecto invernadero y generación de residuos, que el 95% se descargan en vertederos.”

La OECD alerta sobre “la escasez de agua y la contaminación” en las zonas “donde se concentran la minería y la agricultura” y destaca que existen “distorsiones en la asignación y el comercio de derechos de aprovechamiento de aguas”. Señala que “la falta de una gestión integral de los recursos hídricos trae aparejada la sobreexplotación de algunos acuíferos y exacerban los conflictos locales”.

Como recomendaciones para la gestión sustentable del agua plantea la necesidad de “adoptar un enfoque basado en los riesgos para la gestión de los recursos hídricos”, el desarrollo de una base de información y la “resolución de conflictos relacionados con el agua”. Recomienda, además, diseñar e “implementar nuevas reformas del régimen de asignación de aguas, con el fin de asegurar la imposición de límites efectivos y exigibles a las extracciones, que reflejen las exigencias ambientales y ecológicas y la necesidad de un uso sostenible”. También propone “establecer usos esenciales del agua (agua potable saneamiento y protección de ecosistemas) a los que se otorgue alta prioridad”.

Las recomendaciones apuntan exactamente a revertir el sobre otorgamiento de aguas, a establecer caudales ecológicos en todas las cuencas, a lo cual se ha opuesto el sector agrícola, minero e hidroeléctrico, y más aún llama a priorizar la protección del medioambiente y los usos de subsistencia. Quiero invitar a quienes lean esta columna a revisar la evaluación de la OECD y compararla con las reformas que los ciudadanos estamos empujando en el parlamento y que el empresariado y el Ministerio de Hacienda quieren desahuciar porque afectarían las inversiones. Hagámonos la pregunta entonces, ¿Somos o no somos OECD?  O bien ¿queremos seguir siendo miembros de la OECD?

Publicada en Estrategia